jueves, 30 de diciembre de 2010

sin titulo

Es un sentimiento extraño, pero familiar. Estás satisfecho, agradecido, hasta complacido ¿feliz? a ratos. Te gusta todo lo que has vivido, la inocencia de tu niñez, las risas de tu adolescencia, pero no ves nada más allá. Parece ya que has hecho de todo, no tienes idea de nada. A veces mueres por saber lo que vendrá, otras tan sólo quieres dejar de caminar y hacerte a un lado del camino. Una lágrima recorre tu mejillas mientras tus labios esbozan una sonrisa sincera. Esperas a que alguna señal en tu garganta te diga si es de pena o felicidad, pero no sientes nada. Lloras sólo porque sí, porque tienes tantas cosas guardadas adentro que de alguna forma debían ser conocidas al mundo. Suerte que sólo era una lágrima ¿Podría haber sido peor, no?


Quiero cantar. Tal vez el perro de la vecina no me lo vaya a agradecer, ni mis papás que intentan dormir al otro lado de la ocupada pared. Son las 2.30 de la mañana y no tengo nada de sueño. Y eso que no me tomé una siesta como lo hago cada vez que me de la gana. Pero para mí el reloj todavía es joven. Continuo. Quiero cantar una canción... Pero ningún ritmo en mi iPod me satisface y en la radio no hay ninguna canción que valga la pena como para tener que escuchar al locutor cortarla para hacer publicidad de algo que realmente no me interesa. Pensé en youtube, pero mi internet improvisado está tan sufridamente lento que ni Gandhi se hubiese atrevido a esperar encontrar algo bueno. Creo que el problema no son los artistas, ni la música. No tengo a nadie a quien culpar. No estoy segura de nada, y ésto es lo único que confirma mi teoría. El vacío será mi fuente de inspiración esta vez, cuando no encuentro la luna en el cielo, no recuerdo un nombre que merezca alguna palabrería cursi, o simplemente alguna duda que se me haya colgado en la cabeza. No hay sujeto en absoluto.
¿Debería asustarme? No lo creo. Una vez escuché que es mejor sentir dolor a no sentir nada. Siempre había estado de acuerdo, pero esta noche, sólo por esta vez, me dedicaré a escuchar al silencio. No hay mejor canción para cantar que aquella que todavía no encuentras.


Talvez no te hace sentido, ni si quiera me hace a mí aún. Cuando ya no te queda ni el plan Z, optas por escribir. Sin embargo, ése sentimiento extraño pero familiar sigue ahí. No te sorprendes, estás satisfecho, agradecido, hasta complacido ¿feliz? Lo sabrás la próxima vez que vuelvas a querer escribir, no sólo necesitarlo. 

1 comentario: