domingo, 29 de enero de 2012

danger

Nunca se enamoren del indescifrable. Ése que parecieras conocerlo desde hace años, siglos, de la vida pasada, pero que no deja de sorprenderte con su astucia. Se llama el Factor Sorpresa. Te encasilla con su humor distinto y le confías tus secretos, risas, llantos, filosofías, ilusiones, vacíos y hasta tu tiempo. GRAN ERROR. Y todo resulta de la forma menos esperada. El indescifrable rompe las reglas (y hasta orgulloso), te hace caer en sus redes. Te sonríe, pero no sabes si comprarte el cuentito, porque sabes que en medio su rostro de ángel se esconde su boca de diablo.

Hay algunos que no demuestran sentir. En todo sentido son un misterio. Él lo es para mi. Es como si la bruma que los rodea constante mente penetrara tu cabeza y termina por nublar tu razón y sentidos en general. El indescifrable te deja ciega, pero de alguna manera consigue hacer que sigas sus huellas con su hilo invisible. Él es un enigma que grita por ser revelado. Cada mirada es un puñado de curiosidad y burla, una pizca de necesidad e ilusión.

Cuando de él se trata eres una ignorante en el Olimpo. Te humilla su inteligibilidad. Si nunca aprendiste a leer entre líneas, prepárate, porque el indescifrable de seguro te enseñará un par de cosas que te obligarán a intentarlo.